El Origen
Las categorías de la existencia: lo material y lo abstracto
La existencia no se reduce a la materia; hay existencia material sensible y existencia abstracta que las mentes perciben en las leyes, los significados, la conciencia y el espíritu.
Introducción: la naturaleza de la existencia
Después de que la prueba racional se afirma y nos conduce por necesidad lógica a demostrar la Primera Causa y la existencia del Creador, la investigación filosófica impone la transición a una pregunta esencial complementaria: ¿qué es esta existencia que Dios originó o que la Primera Causa derramó? ¿Es solo este cosmos conocido con sus cuerpos, planetas, galaxias y átomos? Es decir, ¿toda la existencia se reduce a este mundo material tangible y físico, sujeto al laboratorio y a los sentidos?
Determinar con precisión la respuesta a esta pregunta representa la piedra angular para comprender la naturaleza de la realización; o todo lo que el Creador originó está encerrado en el horizonte de la materia, o la existencia tiene otras dimensiones y profundidades que trascienden los límites de la observación sensible. Para que la investigación avance en una línea ascendente coherente, el método demostrativo exige comenzar por examinar las pruebas racionales y las observaciones existenciales que nos desmontan la estructura de esta existencia y sus categorías esenciales.
1. Las pruebas racionales de la división de la existencia en material y abstracto
Los filósofos no llegaron a la existencia de un mundo de abstracción por intuición o conjetura, sino mediante la ley del contraste y la oposición lógica; encontraron que encerrar la existencia en la materia hace caer a la razón en contradicciones lógicas insolubles. He aquí las pruebas racionales y las observaciones existenciales que demuestran esta división.
1. La prueba de los conceptos universales y las leyes matemáticas
Si todo lo que hay en la existencia fuera material, todo existente debería estar sujeto a dimensiones, peso y cambio. Pero al examinar las leyes matemáticas y geométricas encontramos que son verdades absolutas y correctas sobre las que se construyen la ciencia y la tecnología.
Si buscáramos en todo el cosmos material, no encontraríamos una «línea recta sin anchura» con existencia física tangible. Existen de manera real y estable, pero su morada de existencia es el horizonte abstracto de la materia y de sus accidentes. Lo mismo ocurre con los conceptos éticos universales como la justicia y la verdad; la justicia no es un cuerpo que veamos en el laboratorio, y sin embargo es una realidad que percibimos y distinguimos de la injusticia; la ausencia de materialidad en ella no niega su existencia, sino que demuestra su abstracción. Platón (c. 427–347 a. C.) representó claramente esta dirección en su discurso sobre los universales y las Ideas.
2. La prueba de la materia y la forma universal
Aristóteles (384–322 a. C.) no demostró la existencia abstracta mediante una separación total del mundo de la materia, sino mediante el diseccionamiento del propio ser material mediante la teoría de «materia y forma» (hylomorphism).
Si miras a una silla de madera, se compone de materia, que es la madera, y de forma, que es la figura geométrica de la silla. La madera como materia puede cambiar, transformarse en mesa o arder y volverse ceniza. Pero la forma universal de la silla o de la mesa en el intelecto es una realidad estable y abstracta que no se quema ni perece. Y sin la existencia de la forma abstracta estable en el intelecto, la materia permanecería confusa y sin determinación. Todo ser en el cosmos es compuesto de materia cambiante y forma abstracta estable que da al ser su identidad y su especie.
3. La prueba de la simplicidad del sujeto que percibe
Esta prueba, vinculada en la filosofía moderna a René Descartes (1596–1650 d. C.), se apoya en una regla lógica que dice: los atributos de lo que reside indican los atributos del sustrato. En el mundo material, todo recipiente que se divide divide también lo que contiene. La materia se extiende en el espacio y es divisible y fragmentable.
En cambio, cuando percibes una verdad intelectual universal, esta idea es una realidad simple y unitaria que es lógicamente imposible fragmentar; no puedes decir lógicamente: pongo la mitad de esta información en el lado derecho de mi cerebro y la otra mitad en el izquierdo. Y puesto que la idea y la conciencia son simples y abstractas, no admiten división, el sustrato que las recibe, es decir el alma o el espíritu, debe necesariamente ser simple y abstracto como ellas; porque lo material solo alberga lo que se divide con su división.
4. La prueba del molino y la imposibilidad material del pensamiento
Gottfried Wilhelm Leibniz (1646–1716 d. C.) formuló esta prueba para invalidar la idea de que la materia puede producir conciencia o pensamiento mediante su composición mecánica.
Leibniz nos pide imaginar el cerebro humano agrandado geométricamente hasta el tamaño de un molino enorme en el que podamos entrar y caminar. Si recorriéramos el interior de este cerebro agrandado, todo lo que veríamos sería el movimiento de engranajes, partículas que chocan entre sí y corrientes eléctricas que pasan de un lugar a otro. Por mucho que busquemos dentro de este mecanismo material, no encontraremos algo llamado idea, sentimiento o percepción; solo encontraremos movimiento material. Y puesto que el movimiento material solo produce movimiento material semejante, y la conciencia y la percepción existen de hecho, no pertenecen a la máquina material, sino a una existencia abstracta y simple completamente distinta de la materia.
5. La prueba de la libertad moral y la necesidad de la materia
Esta prueba, en Immanuel Kant (1724–1804 d. C.) y quienes siguen su camino, parte de la conducta y la voluntad humana para demostrar la existencia de un mundo que trasciende la materia.
Todo lo que hay en el mundo material está sujeto a la necesidad física basada en causa y efecto; la roca cae por la gravedad, obligada; el agua hierve por el calor, obligado. Si el ser humano fuera materia pura, todos sus pensamientos y conductas estarían obligados y sujetos a la necesidad físico-química del cerebro. Pero el ser humano posee voluntad libre y siente responsabilidad moral; elige entre la verdad y la mentira, entre la justicia y la injusticia. Y puesto que la libertad y la ética son realidades existenciales que no pueden negarse, y son imposibles en el mundo material necesitado, la razón juzga que el ser humano tiene una dimensión que pertenece a lo que está más allá de la materia, es decir, una existencia abstracta no gobernada por las leyes físicas de la materia.
6. La prueba de la imposibilidad de imprimir lo grande en lo pequeño
En el mundo material, para que la imagen de algo grande se imprima dentro de algo pequeño, la imagen debe reducirse físicamente o fragmentarse, como grabar una montaña enorme en una pequeña placa de cámara. Pero cuando cierras los ojos e imaginas el cosmos vasto con sus inmensas galaxias, esta imagen enorme está presente en tu conciencia con sus dimensiones gigantescas; no la ves reducida como un sello postal, sino en su grandeza.
Y puesto que el cerebro material, como órgano físico, no supera unos pocos centímetros de tamaño, es lógicamente imposible que lo grande habite materialmente en lo pequeño. Esta presencia de las cosas grandes con sus dimensiones dentro de tu conciencia demuestra que la facultad perceptiva no es un lugar físico estrecho, sino un horizonte existencial abstracto no sujeto a las leyes del espacio y del tamaño material.
7. La prueba de las cualidades mentales frente a las cantidades materiales
Todo fenómeno material puede medirse cuantitativamente y expresarse en lenguaje de números y medidas. En cambio, encontramos que los estados humanos y la conciencia, como el sentimiento del dolor, el gusto estético, la voluntad libre y la intención, son cualidades existenciales (qualia) y no cantidades.
Si lleváramos los aparatos más modernos para observar el cerebro de una persona que sufre, el aparato solo registraría movimientos químicos y señales nerviosas, pero no registraría la carga existencial misma; no podemos decir que esta persona siente cinco kilogramos de dolor. Esta diferencia esencial demuestra que las señales nerviosas son instrumento, mientras que el sentimiento real es existencia abstracta que pertenece al mundo de la cualidad, no al mundo de la materia y la cantidad.
2. Definición de lo material y lo abstracto, y cómo lo formularon los filósofos
Después de afirmarse las pruebas de la división, las definiciones y las propiedades esenciales de cada categoría se distinguieron en el pensamiento filosófico.
1. La existencia material: definición y propiedades
La materia es todo existente que ocupa un espacio del vacío, tiene masa y es objeto de percepción sensible y medición física. Se distingue por tres propiedades estructurales:
- Extensión y dimensiones: todo lo material se divide en el espacio y tiene dimensiones —largo, ancho y profundidad—, lo que lo hace necesariamente divisible y particionable.
- Movimiento y cambio continuo: la materia no permanece en un solo estado, sino que está en devenir constante y transformación continua de una forma a otra, como el crecimiento y la descomposición.
- Corrupción y disolución: por su divisibilidad y su afectación por el tiempo, los compuestos materiales terminan necesariamente en descomposición y disolución, sin permanencia de la identidad compuesta.
2. La existencia abstracta: definición y propiedades
Lo abstracto (immaterial / abstract) es la existencia real efectiva que se abstrae de la materia y de sus accidentes; no ocupa un espacio local, no está sujeto a medidas físicas, pero es estable y realizado. Se distingue por propiedades opuestas a la materia:
- Simplicidad y no divisibilidad: el existente abstracto no tiene dimensiones ni se extiende en el espacio, y por tanto es imposible dividirlo o fragmentarlo; es una unidad simple.
- Inmutabilidad: lo abstracto está fuera del marco del tiempo y del lugar físicos, no le afecta el movimiento corporal ni cambia en su identidad, sino que conserva su verdad y su esencia sin devenir.
3. ¿Cómo lo definieron los filósofos?
Pitágoras (c. 570–495 a. C.) y los pitagóricos definieron la abstracción mediante la contemplación de los números; las cosas materiales contables perecen y cambian, pero el número y las leyes matemáticas en sí mismos son verdades absolutas y estables que no perecen ni se tocan con la mano; dedujeron que el núcleo verdadero del cosmos es un mundo de verdades matemáticas abstractas.
Parménides (c. 515–450 a. C.) distinguió lógicamente entre el mundo sensible material, que vio como mundo de devenir y cambio, y el mundo del intelecto, donde la existencia real es estable, una, no cambia ni se divide.
Platón formuló su famosa prueba basada en las esencias universales mediante la teoría de las Ideas, y afirmó que los conceptos universales estables en nuestras mentes no pueden surgir de un mundo material cambiante y perecedero, sino que existen en un mundo independiente, simple y luminoso, el mundo de las Ideas, y el mundo de la materia no es sino sombras deformadas de ellas.
Aristóteles demostró la abstracción desde el interior de las cosas mediante la teoría de materia y forma; los seres se componen de materia primera susceptible de cambio y de una forma universal (form) que es realidad intelectual abstracta y estable que da a la materia su verdad y su especie.
René Descartes estableció una dualidad aguda (dualismo cartesiano) en la que demostró que la propiedad esencial de todo lo material es la extensión, mientras que la propiedad esencial del alma es el pensamiento y la conciencia. Y puesto que son dos propiedades contradictorias, la identidad pensante es autosuficiente en su existencia esencial respecto de la materia.
Gottfried Wilhelm Leibniz presentó la prueba del molino y demostró que la conciencia pertenece a una sustancia simple indivisible y abstracta de la materia y de sus accidentes físicos, a la que llamó «monadas».
Baruch Spinoza (1632–1677 d. C.) demostró que la existencia se nos manifiesta mediante dos propiedades distintas: la extensión, que es la materia física, y el pensamiento, que es la conciencia y el intelecto abstracto, lo que significa que el acto intelectual no es una forma de la extensión material.
Immanuel Kant distinguió entre el mundo de los fenómenos materiales (phenomena), sujeto a los sentidos y a las leyes físicas necesitadas, y el mundo de la cosa en sí abstracta (noumena), donde se realizan el alma y la libertad moral, demostrando que el ser humano, si fuera materia pura sujeta a la necesidad física, no poseería voluntad libre.
Fakhr al-Din al-Razi (544–606 h / 1150–1210 d. C.) formuló pruebas racionales para demostrar la autosuficiencia del alma respecto del espacio y del lugar, entre ellas la prueba del olvido del cuerpo; muestra que el ser humano puede quedar absorto en un pensamiento intelectual profundo que lo hace olvidar por completo sus extremidades y su cuerpo, y sin embargo su conciencia de sí y su sentimiento de existencia permanecen en el máximo despertar, lo que demuestra que la identidad consciente es distinta del cuerpo material.
Edmund Husserl (1859–1938 d. C.) devolvió el lugar a la abstracción mediante el principio de intencionalidad en la conciencia; la conciencia se distingue porque trasciende el cerebro material para conectarse con asuntos fuera del tiempo y del lugar, como pensar en el concepto de la justicia absoluta. Si la conciencia fuera mera interacción química encerrada dentro del cráneo, no podría salir y trascender sus límites físicos.
3. Los demás seres materiales a la luz de la abstracción
Los filósofos no limitaron su mirada abstracta al Creador y al ser humano, sino que sometieron también a los seres materiales inertes, como átomos, planetas y galaxias, y a los seres vivos como las plantas, a la explicación de su realidad: ¿son pura materia sólida, o tienen parte en el horizonte de la abstracción? Sus opiniones variaron según las grandes escuelas.
1. El análisis estructural en la escuela peripatética
Aristóteles y su escuela, junto con Ibn Sina (370–428 h / 980–1037 d. C.) en la prolongación de la filosofía peripatética islámica, sostienen que todo ser material visible en el cosmos no puede realizarse en el exterior sino mediante la composición esencial de materia y forma.
La hyle o materia primera es el lado puramente físico del planeta o del mineral, materia ciega sin rasgos ni forma y susceptible de cambio constante. La forma específica (universal form) es el lado abstracto y estable; el planeta no es un amontonamiento de partículas aleatorias, sino que en su materia fue vertida una forma planetaria abstracta que le otorga las leyes astronómicas, el orden y la identidad estable. Lo mismo ocurre con la planta, gobernada por una forma vegetal abstracta que administra sus funciones de crecimiento y nutrición.
El resultado es que los planetas y los minerales son seres materiales en sus cuerpos y estructuras astronómicas, pero están gobernados y determinados por formas y leyes abstractas. Sin este origen abstracto, la materia no se distinguiría ni se regularía por leyes físicas estables.
2. La escuela platónica y la teoría de las Ideas
Platón (Plato) tomó una dirección más radical; consideró que los planetas, las estrellas, los minerales y los animales que vemos con nuestros ojos no poseen una realidad originaria en este mundo físico.
Todo cuerpo astronómico o ser inerte que alcanzan los sentidos es solo sombra material cambiante de un origen real estable, universal y luminoso que reside en un mundo independiente, el mundo de las Ideas. Los planetas visibles son sombras pasajeras de la idea del planeta perfecto y abstracto estable en aquel horizonte luminoso.
3. La escuela existencial y el movimiento sustancial
Mulla Sadra (979–1050 h / 1571–1640 d. C.) rechazó la idea de la inercia de la materia en los cuerpos y los átomos, y le dio una dimensión de intensificación que la vincula con la abstracción.
Para él, la existencia es un solo flujo, y la materia en el planeta o en el mineral no está inerte, sino en estado de movimiento e intensificación continuo en su identidad y esencia. Los seres inertes encierran interiormente un rango inferior y simple de conducta existencial, y ascienden en sus fases moviéndose espontáneamente hacia la liberación gradual de las limitaciones de la materia pura y hacia rangos más elevados en el horizonte de la realización y la abstracción.
4. ¿Es Dios material o abstracto?
Sobre la base de la distinción lógica anterior entre lo material y lo abstracto, la investigación racional se dirige hacia la Primera Causa para conocer la naturaleza de esta existencia. La razón juzga de manera decisiva que DiosDios — pronunciado ‘al-LAH’ — الله Pronunciación: Allah. Allah significa Dios. No es el nombre de una deidad distinta; es la palabra árabe para el Dios único adorado por los musulmanes, y también la usan cristianos y judíos arabófonos cuando hablan de Dios. Lingüísticamente se relaciona con al-ilah, “el Dios”, dentro de la familia semítica de palabras para Dios., glorificado y exaltado, es existencia abstracta plena, trascendido de la materialidad de manera absoluta.
1. La prueba de la necesidad de la existencia y la negación de la división
Los filósofos, entre ellos Ibn Sina (Avicena) en la construcción de su prueba del Ser NecesarioSer Necesario — pronunciado ‘WAA-jib al-wu-JOOD’ — واجب الوجود Pronunciación: Wajib al-Wujud. El Ser Necesario es la realidad cuya existencia no depende de nada más. En la filosofía islámica designa la fuente autosubsistente de todos los seres dependientes: Aquel cuya inexistencia es imposible y de quien toda cosa contingente recibe el existir., demostraron que la Primera Causa debe ser necesaria en la existencia por sí misma; es decir, rica de todo y no necesitada de un originador.
Si Dios fuera material, estaría extendido y tendría dimensiones, y todo lo extendido está compuesto de partes y es divisible. Lo compuesto necesita sus partes para realizarse; el todo necesita la parte, y la necesidad contradice totalmente el rango del Ser NecesarioSer Necesario — pronunciado ‘WAA-jib al-wu-JOOD’ — واجب الوجود Pronunciación: Wajib al-Wujud. El Ser Necesario es la realidad cuya existencia no depende de nada más. En la filosofía islámica designa la fuente autosubsistente de todos los seres dependientes: Aquel cuya inexistencia es imposible y de quien toda cosa contingente recibe el existir. rico de manera absoluta. Por ello, debe ser racionalmente simple, no compuesto, y esto es precisamente la existencia abstracta.
2. La prueba de la negación del cambio y del devenir
La materia tiene como propiedad esencial el movimiento, el cambio y la transformación de un estado a otro; es decir, el paso de la potencia al acto.
El cambio significa que la identidad carece de una perfección y luego la anhela, o que se ve afectada por los accidentes del tiempo y del lugar, como el crecimiento o el traslado. En cambio, el Ser NecesarioSer Necesario — pronunciado ‘WAA-jib al-wu-JOOD’ — واجب الوجود Pronunciación: Wajib al-Wujud. El Ser Necesario es la realidad cuya existencia no depende de nada más. En la filosofía islámica designa la fuente autosubsistente de todos los seres dependientes: Aquel cuya inexistencia es imposible y de quien toda cosa contingente recibe el existir. debe ser perfección absoluta y estable, no afectado por carencia o devenir, porque el movimiento exige un motor anterior. Y puesto que DiosDios — pronunciado ‘al-LAH’ — الله Pronunciación: Allah. Allah significa Dios. No es el nombre de una deidad distinta; es la palabra árabe para el Dios único adorado por los musulmanes, y también la usan cristianos y judíos arabófonos cuando hablan de Dios. Lingüísticamente se relaciona con al-ilah, “el Dios”, dentro de la familia semítica de palabras para Dios. está trascendido del movimiento y del cambio material, es necesariamente existencia abstracta fuera de los límites del tiempo y del lugar.
5. La aplicación al ser humano
Si la existencia se divide en material y abstracto, el Creador es abstracto pleno, y los seres cósmicos están gobernados por sus formas, el ser humano representa el punto de encuentro entre estos dos mundos; no es una mera máquina biológica perecedera, sino un ser compuesto de cuerpo material y alma o espíritu abstracto.
1. La prueba de la estabilidad del «yo»
Las células del cuerpo material del ser humano cambian y se renuevan a lo largo de los años, y sus dimensiones físicas cambian de la infancia a la vejez. Si el ser humano fuera materia pura, de ello se seguiría que su identidad cambiara con el cambio de su materia y sus células.
Pero la realidad existencial demuestra que el ser humano siente la estabilidad de su identidad y la unidad de su yo, y dice: yo soy quien hizo tal cosa hace veinte años. Esta estabilidad y continuidad en la conciencia del yo, a pesar del cambio de la materia corporal, demuestra la existencia de una sustancia abstracta estable detrás del cuerpo material, que es el espíritu.
2. La prueba del ser humano volador en Ibn Sina
Ibn Sina (Avicena) formuló esta prueba racional pura para trascender los sentidos.
Ibn Sina supone que el ser humano fuera creado de repente con plena conciencia y razón, y colocado suspendido en aire abstracto de modo que sus cinco sentidos quedaran completamente bloqueados, sin sentir sus miembros, sin que sus manos toquen su cuerpo, sin ver ni oír nada. Ibn Sina pregunta: ¿afirmaría este ser humano la existencia de su identidad? La respuesta: sí, seguiría convencido con certeza de la existencia de su yo y de que existe, a pesar de la ausencia de cualquier percepción de su cuerpo material. Esta percepción directa del yo con olvido total del cuerpo demuestra racionalmente que la identidad consciente, es decir el espíritu, es una realidad abstracta distinta del cuerpo material y no un accidente de sus accidentes.
3. La teoría del movimiento sustancial en Mulla Sadra
Mulla Sadra (Mulla Sadra) desarrolló una visión filosófica profunda que interpreta el vínculo integrador entre la materialidad del ser humano y su espíritu abstracto mediante la teoría del movimiento sustancial.
Sostiene que el espíritu humano no se introduce en el cuerpo desde fuera de manera abrupta, sino que la materia humana, desde la gota hasta el feto, en el curso de su movimiento e intensificación sustancial esencial, se integra y asciende hasta producir y engendrar una existencia abstracta. El espíritu, para él, es material en su origen —surge al principio dependiendo del cuerpo material—, pero abstracto en su permanencia; es decir, cuanto más crece y se perfecciona con las ciencias y los conocimientos, más se independiza de las leyes materiales, hasta que, cuando llega la muerte, abandona el cuerpo y continúa en su existencia propia, porque ya ha alcanzado el rango de la abstracción que no alcanza la destrucción ni la disolución física.
Resultado metodológico
Sobre esta fundamentación racional secuencial, llegamos a una visión lógica coherente que confirma que la existencia es más amplia que la materia física inerte; las pruebas expuestas han mostrado que la Primera Causa o el Creador es existencia abstracta plena, y que todo lo material en este cosmos —desde planetas y átomos hasta el ser humano— es un existente que reúne un lado material y un lado abstracto.
Desde este punto demostrado se abre automáticamente la puerta para comprender las investigaciones posteriores sobre la perfección de este espíritu, la necesidad de la legislación y los actos de culto, y la inevitabilidad de la resurrección y la justicia divina.
No toda realidad puede pesarse y medirse; la razón percibe una existencia abstracta que no está sujeta al lugar, al tamaño ni a la división.