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El Puente

La religión y la relatividad del conocimiento

En breve

La relatividad absoluta se destruye a sí misma; pues si toda verdad fuera relativa, esta regla misma sería relativa y no vinculante. La religión, al emanar de una fuente de conocimiento absoluto, posee un núcleo estable que se dirige a la naturaleza innata, y ramas flexibles que absorben cada tiempo y lugar a través de la puerta del razonamiento.

Introducción: cuando la relatividad se convierte en doctrina

El problema de la «relatividad» (relativism) es uno de los desafíos intelectuales más agudos que han enfrentado la filosofía teísta y la nueva teología en la era moderna. Esta idea se filtró desde los moldes de las ciencias naturales y se transformó en algo parecido a una «ideología epistémica» que sostiene que la verdad es nebulosa y cambiante, dependiente de las circunstancias del tiempo y del lugar o del ángulo de visión del sujeto que percibe.

Esto se reflejó directamente en la religión: surgieron voces que proclaman la relatividad de la visión cósmica y de las normas legales, y buscan reducir la religión a un ángulo de culto individual, bajo el pretexto de que el asunto público es cambiante y de que la ciencia experimental basta para organizar la vida de las personas.

Este artículo presenta un enfoque que desmonta estas objeciones con las herramientas de la teoría del conocimiento (epistemología) y de la nueva teología, apoyándose en las contribuciones renovadoras de los pensadores de la escuela islámica contemporánea, encabezados por el mártir Sayyid Muhammad Baqir al-Sadr (1353–1400 h / 1935–1980 d. C.) y el mártir Shaykh Murtada Mutahhari (1338–1399 h / 1920–1979 d. C.).

1. Desmontaje de la relatividad del conocimiento (la raíz del problema)

Antes de abordar la «relatividad de la religión», el método filosófico exige resolver un asunto previo: ¿es el conocimiento humano relativo de manera absoluta?

1. La gran falacia: confundir la relatividad de Einstein con la relatividad epistémica

Es frecuente en los debates contemporáneos citar la teoría de la relatividad de Einstein (1879–1955 d. C.) para demostrar que «la verdad es relativa». Esto es una confusión nacida solo del parecido léxico; la relatividad física investiga los mecanismos de medición de los fenómenos (como el tiempo y el espacio) según el movimiento y la velocidad del observador, pero el acontecimiento físico en sí permanece real y objetivo.

La propia teoría de Einstein se construyó sobre un «absoluto fijo»: la velocidad de la luz en el vacío. La física busca las constantes cósmicas rigurosas y no niega la existencia de una verdad independiente de la conciencia humana —lo cual es exactamente lo contrario de lo que el relativista desea.

2. El colapso lógico de la relatividad filosófica (la refutación autoinfligida)

La filosofía islámica se apoya en una prueba sólida para derribar la relatividad epistémica, conocida como la «autocontradicción» (self-refutation). Cuando el relativista lanza su proposición universal: «toda verdad en la existencia es relativa», se le enfrenta con la pregunta recursiva: ¿y esta proposición en sí misma, es una verdad absoluta o relativa?

  • Si es absoluta: ha quedado probada al menos una verdad absoluta, y ha caído la tesis de que «toda» verdad es relativa.
  • Si es relativa: entonces puede ser falsa y no vinculante en otro contexto, pierde su valor científico y se convierte en un absurdo sofístico.

En ambos casos cae el principio. La relatividad absoluta no la refuta un adversario externo, sino que se niega a sí misma.

3. La tesis del mártir al-Sadr: la distinción entre lo absoluto y lo relativo

En su libro fundacional Nuestra filosofía, el mártir al-Sadr desmonta la sofística y la relatividad epistémica (incluidas sus formas kantiana y marxista) dividiendo el conocimiento en dos niveles:

  • Los principios racionales primarios (el absoluto epistémico): como el principio de no contradicción y el principio de causalidad. Son principios innatos anteriores a la experiencia, sin los cuales la ciencia y la lógica son imposibles. Si el principio de no contradicción fuera relativo, un físico no podría demostrar una sola ecuación, pues podría ser verdadera y falsa al mismo tiempo.
  • Los conocimientos teóricos (integradores): son los derivados por la experiencia y el pensamiento. Aquí el pensamiento islámico reconoce un «cambio e integración» en la comprensión humana, pero es un cambio hacia la aproximación a una realidad objetiva estable, no una fluctuación en el núcleo de la verdad. El error en la lectura de la realidad no significa que la realidad no exista.

2. Desmontaje de las falacias sensibles

Quienes sostienen la relatividad se apoyan en representaciones sensibles para hacer pasar su idea. Aquí destacan dos ejemplos que requieren un examen filosófico.

1. La falacia del número (6) y (9)

A menudo se presenta un número dibujado en el suelo: quien está de un lado lo ve como (6) y quien está del lado opuesto como (9), como prueba de que la verdad depende del ángulo de visión.

La respuesta: esto confunde la «apariencia perceptiva subjetiva» con la «verdad objetiva». Este número no surgió por casualidad; un agente lo dibujó con intención y propósito determinados de antemano: o quiso escribir (6) o quiso escribir (9). La intención original del agente es la verdad estable; uno de los observadores acertó y el otro se equivocó por la limitación de su ángulo de visión. El error en la percepción no convierte una sola cosa en dos opuestos al mismo tiempo.

2. La falacia de las partes integradas

A veces se dice: si el científico (A) afirma que el elemento reacciona con la materia (1), y el científico (B) afirma que reacciona con la materia (2), esto demuestra que la verdad es relativa y cambia según el investigador.

La respuesta: esto no es contradicción ni relatividad, sino una «verdad compuesta de partes integradas». La verdad total es que este elemento reacciona con (1) y (2) juntos bajo ciertas condiciones. La contradicción solo ocurre si se eleva una de las partes en el mismo contexto —como decir que reacciona con (1) y no reacciona con ella al mismo tiempo—. La acumulación del conocimiento reúne las partes para descubrir el cuadro completo de la verdad, no para negarla.

3. La visión cósmica religiosa y la relatividad de las normas

Después de afirmar la absolutidad del conocimiento y la existencia de una realidad objetiva, pasamos por secuencia lógica al campo de la religión y de las normas.

1. La fuente absoluta y las normas reveladas

La visión cósmica religiosa se basa en demostrar la existencia del Creador Sabio, absoluto en sus atributos y en su conocimiento, por prueba racional. Sobre esa base, las normas legislativas emanan de un conocimiento que abarca al ser humano en su pasado, presente y futuro. Y puesto que la «fuente» es absoluta, el núcleo de la legislación lleva el sello de la absolutidad y la validez.

2. La dualidad del ser humano y la incapacidad de la ciencia experimental

Aquí está la piedra angular de la imposibilidad de sustituir la religión por la ciencia:

  • La ciencia experimental: está limitada, por sus instrumentos y su inducción, al mundo de la materia y del cuerpo.
  • El ser humano: es un ser compuesto de materia y espíritu (según la teoría del movimiento sustancial de Sadr al-Muta’allihin, Mulla Sadra, 979–1050 h / 1571–1640 d. C.). El espíritu es una dimensión abstracta que trasciende las leyes de la física y la química.

Y puesto que las normas legales se refieren a «beneficios y males reales» que abarcan la materia y el espíritu del ser humano, la ciencia experimental sigue siendo incapaz de registrar las «causas verdaderas» de las normas, porque sus instrumentos no alcanzan el mundo del espíritu y de lo trascendente.

3. Evidencias en los detalles de la legislación

Los detalles de los actos de culto revelan una dimensión espiritual que no puede interpretarse en clave puramente material, lo que confirma su carácter revelado:

  • La obligación del ablution: si su causa fuera «la limpieza material del cuerpo», no se invalidaría por alterar el orden y la continuidad. Desde un ángulo puramente material, lavar la mano izquierda antes que la derecha logra la misma limpieza. Pero la legislación exige un orden y una sucesión precisos, lo que indica un «efecto existencial y un secreto devocional» que vincula los movimientos del cuerpo con la purificación del espíritu y su preparación para la cercanía divina.
  • La inmolación legal: algunos intentan reducir la causa del sacrificio a «la expulsión de la sangre corrupta» (esterilización médica). Pero la legislación exige la invocación y la orientación hacia la qibla. Si se sacrificara la res con los más altos estándares de limpieza y se expulsara toda la sangre sin invocación, su consumo seguiría siendo ilícito por texto coránico. Esto demuestra que la norma tiene una dimensión existencial espiritual que afecta al alma del consumidor, y que la ciencia no puede medirla con sus sensores materiales.

4. Flexibilidad de las ramas y estabilidad del núcleo

Si la religión es absoluta y estable, ¿cómo enfrenta el cambio del tiempo y del lugar?

El mártir Mutahhari respondió en su tesis renovadora El islam y las exigencias de la época desmontando la estructura de la religión en dos niveles:

  • Estabilidad del núcleo (las necesidades innatas): los fundamentos de la religión (monoteísmo y justicia) y los grandes valores morales son estables, porque se dirigen a la naturaleza humana, y la naturaleza no cambia con el tiempo y el lugar (la justicia es buena y la injusticia es fea en todas las épocas).
  • Flexibilidad de las ramas (el cambio de los asuntos): la jurisprudencia posee instrumentos de razonamiento intelectual para absorber lo cambiante:
    • El razonamiento vivo: transformar las reglas universales estables en fatwas para asuntos nuevos (como las operaciones bancarias y la biotecnología).
    • El concepto de «zona de vacío»: la tesis formulada por el mártir al-Sadr en Nuestra economía; el Legislador dejó un espacio legislativo para que el gobernante lo llene con normas cambiantes según el interés de la comunidad, siempre que no choquen con los textos estables de la ley revelada.

5. Refutación de la reducción de la religión al templo

Las teorías laicas se fundaron en la idea de que la religión es una experiencia espiritual individual sin relación con el asunto público. A este planteamiento se respondió con pruebas estructurales y racionales:

  • La universalidad del tejido legislativo: al examinar la jurisprudencia islámica, vemos que los actos de culto puros no forman sino una pequeña parte de ella, mientras que las normas abarcan los sistemas de justicia, los límites penales, la política financiera (zakat, khums, anfal, prohibición del monopolio) y las relaciones internacionales. Reducir la religión al templo es desactivar la mayor parte de su estructura legislativa.
  • La resolución de la contradicción social (la prueba de al-Sadr): el mártir al-Sadr plantea en la introducción de Nuestra economía el dilema de los sistemas positivos (como el capitalismo y el socialismo), incapaces de resolver la contradicción entre «el interés propio del individuo» y «el interés general de la sociedad». La religión es la fuerza capaz de integrar ambos intereses sin que uno de ellos domine al otro, porque vincula el trabajo por el asunto público y la justicia social con la dimensión trascendente y la recompensa del Más Allá; así, administrar el Estado, establecer la justicia y defender al oprimido pasan de ser una función material seca a ser las formas más altas de culto en la escuela de ().

Conclusión: ni liquidez ni rigidez

El enfoque racional riguroso concluye dibujando un cuadro epistémico integrado que rechaza la liquidez relativista sofística y, al mismo tiempo, rechaza la rigidez literalista. Su resultado es que:

  • el Creador Sabio, de conocimiento absoluto, es la fuente de la legislación;
  • el ser humano es un ser compuesto de materia y espíritu;
  • el mundo de la materia y del cuerpo lo cubre la ciencia experimental con los instrumentos del laboratorio y la inducción, y es incapaz de percibir las causas de lo trascendente;
  • el mundo del espíritu y de la legislación lo cubre la religión y la revelación, con estabilidad en los fundamentos y flexibilidad en las ramas.

Sobre esta base metodológica, cae la tesis de la relatividad de la religión; pues es un sistema integrado que parte de verdades epistémicas absolutas, combina las necesidades del cuerpo con los anhelos del espíritu, y posee una flexibilidad propia para administrar el asunto público en cada tiempo y lugar a través de la puerta abierta del razonamiento —lo que la hace dominante sobre la ciencia y orientadora de sus valores, imposible de sustituir o de encerrar en rincones aislados de ritos individuales.

Cuando el relativista dice: «toda verdad es relativa», le preguntamos: ¿y esta afirmación misma, es absoluta o relativa? Si es absoluta, ha quedado probada al menos una verdad absoluta y ha colapsado el principio; y si es relativa, nos libera de la obligación de aceptarla.
— La prueba de la autocontradicción