Un viaje de razón, fe y verdad

Un camino de investigación de la A a la Z

Una hoja de ruta lógica, paso a paso, para abordar las enseñanzas islámicas con racionalidad, claridad y propósito.

El Origen

La lógica elige el islam

En breve

Al someter las religiones a filtros racionales estrictos —la unicidad, luego la trascendencia, luego la unidad divina precisa—, la lógica asciende desde miles de religiones hasta asentarse en la escuela de familia profética (AS).

La razón humana se yergue ante este universo vasto, sometido a las leyes del movimiento, la causalidad y el cambio, para preguntarse por el punto de partida. Y por medio de la especulación filosófica pura, los métodos racionales (como el argumento de los veraces o el argumento del orden y la necesidad de la existencia) probaron que este mundo material, posible y mudable, no puede persistir en la existencia sin apoyarse en una causa primera y en un por su propia esencia. Esta existencia eterna no tiene nada semejante a ella; pues si fuera compuesta, necesitaría de sus partes, y lo necesitado no es necesario en la existencia, y si fuera mudable, le sobrevendrían la inexistencia y el advenimiento, cosa que contradice que sea la fuente primera de la existencia.

Pero, si la razón ya demostró la existencia de este Gran Creador y Sus atributos generales, ¿cómo llegamos a Su mensaje en medio de un enorme amontonamiento de pretensiones y sistemas religiosos que llenan la tierra? Indagar miles de religiones y sectas y seguir sus libros y tradiciones excede la capacidad humana. De aquí, la lógica impone usar una metodología de filtración estricta; es decir, establecer criterios racionales derivados directamente de los atributos del Creador, y hacer pasar los sistemas religiosos por ellos para ver cuál se ajusta a las pruebas de la razón, hasta el destino cognoscitivo más elevado.

1. Criterio de la unicidad y negación de la multiplicidad (filosofía unitaria frente a pluralidad)

El primer principio racional consiste en que la causa de la existencia debe ser una sin socio. La pluralidad en el rango del Ser Necesario es lógicamente imposible; pues si existieran dos dioses, cada uno se distinguiría del otro por alguna particularidad, y la distinción exige composición (parte común y parte distintiva), y la composición contradice la eternidad y la necesidad. Asimismo, el conflicto de voluntades en un universo gobernado por un orden unificado y coherente conduce lógicamente a su corrupción; pues si uno de los dioses no puede imponer su voluntad, eso es prueba de su carencia, y lo deficiente no es dios.

Al hacer pasar el mapa religioso mundial por este primer filtro, encontramos una distinción decisiva:

Sistemas excluidos: quedan excluidos de inmediato todas las religiones politeístas y populares basadas en pluralidad de dioses (como el hinduismo y las religiones de civilizaciones antiguas), las religiones dualistas (como el zoroastrismo, que divide el universo entre un dios de la luz y un dios de la oscuridad), además de las corrientes naturales y el budismo tradicional, que no presentan una concepción de un Dios creador y personal del universo.

Sistemas que pasan: atraviesan este filtro las religiones que declaran en sus textos fundacionales la unicidad, en particular la familia de las «religiones abrahámicas» (judaísmo, cristianismo e islam).

2. Criterio de la trascendencia y separación de la materia (negación del antropomorfismo y la encarnación)

El principio filosófico aquí establece que el Creador del tiempo, del lugar y de la materia no puede estar gobernado por ellos. El Dios cuya eternidad está probada es imposible que se caracterice con atributos de las criaturas (como advenimiento, cambio, hambre, cansancio, inherencia y localización en un cuerpo). Todo lo tocado por el movimiento, la transición y la semejanza con las criaturas es ente posible y limitado, y lo limitado no es necesario en la existencia.

Al aplicar este filtro de trascendencia a las tres religiones unitarias, aparecen diferencias esenciales:

La tesis cristiana y la cuestión de la encarnación: el cristianismo predominante se basa en la doctrina de la Trinidad y la encarnación de Dios en la persona del Hijo (Jesús). Aquí la reflexión filosófica ve un enigma lógico; pues ¿cómo puede lo absoluto ilimitado encerrarse en un cuerpo humano limitado? ¿Cómo puede lo eterno, rico de ambos mundos, someterse al nacimiento, al hambre, al dolor y a la muerte? Reunir atributos de divinidad absoluta y atributos de humanidad limitada en un solo ente se considera contradicción en el predicado y el sujeto según la lógica.

La tesis judía y el enigma de la semejanza textual: aunque el judaísmo insiste en la unicidad y niega la encarnación directa, la lectura de los textos del Antiguo Testamento (Torá y Tanaj) descompone esta trascendencia; pues los textos abundan en atributos antropomórficos agudos (semejanza de Dios con los seres humanos). Dios en su tradición se arrepiente, se entristece, se fatiga y descansa el séptimo día, lucha con los seres humanos y es vencido. Esta concepción viste al Creador con atributos de afectación y carencia, lo cual rechaza el argumento racional.

La tesis islámica y la elevación de la trascendencia: el islam presenta la visión más rigurosa y abstracta de Dios; las aleyas firmes resumen su filosofía de trascendencia:

«No hay nada semejante a Él.» (42:11)

«Di: Él es , Uno. , el Absoluto.» (112:1-2)

Dios aquí está trascendido con trascendencia absoluta respecto de la semejanza con los accidentes; no habita en materia, no lo gobiernan las leyes de Su creación, y no le afectan somnolencia ni cansancio.

Con ello, el segundo filtro concluye que el islam es la religión que presenta el concepto doctrinal más compatible con la filosofía de la trascendencia.

3. Investigación interna (unidad divina precisa y juicio de las escuelas)

Después de circunscribir lógicamente la búsqueda al círculo islámico, la razón filosófica y teológica dentro del islam enfrentó el enigma de interpretar los textos aparentes y conciliarlos con el juicio de la pura razón. Aquí surgieron múltiples escuelas de pensamiento, y someteremos tres grandes problemas filosóficos a estas escuelas, para ver cómo se diferenciaron las posturas intelectuales en torno a ellos.

1. El enigma de «corporeidad, dirección y lugar» (antropomorfismo y espacialidad)

El problema filosófico: si el Creador es eterno y el lugar es originado, está libre de lugar y dirección. Decir que tiene dirección de movimiento (como la superioridad material) o dimensiones y miembros significa necesariamente que es cuerpo, y el cuerpo es compuesto, lo compuesto es necesitado, y lo necesitado no es creador.

Posturas de las escuelas islámicas:

La escuela de la gente del hadiz (y corrientes salafíes): se aferró al sentido literal aparente, y afirmó para Dios dimensiones y atributos narrativos como rostro, manos, descenso real y establecimiento sobre el Trono. Aunque intentaron escapar de las implicaciones de esta tesis con la fórmula «sin cómo», la filosofía ve que afirmar el origen de estos conceptos en el Creador es reconocimiento implícito de corporeidad, porque el sentido lingüístico y racional de estas palabras solo se realiza en el marco de lo material.

La escuela ash’arí y maturidí: tomó el camino de la interpretación (como decir que la mano es favor o poder) para escapar de la corporeidad, pero cayó en confusión al tratar la cuestión de «superioridad y dirección», donde intentó afirmar superioridad literal negando dirección material, lo cual es reunir opuestos.

La originalidad de la escuela de (AS) en el : esta escuela formuló una trascendencia absoluta que rechaza corporeidad y dirección con negación tajante, representando el origen y la fuente pura de la doctrina; pues lugar y dirección son implicaciones de la criatura, y el Creador es sublime por encima de las regiones. Dice el Imam Ali ibn Abi Talib (23 a. h.–40 h / 599–661 d. C.) () (AS) en el Nahj al-Balagha, describiendo al Creador:

«Quien le atribuye modalidad lo ha corporeizado; quien señala hacia Él lo ha limitado; quien lo limita lo ha contado; quien dice “en” lo ha incluido; y quien dice “sobre” lo ha dejado vacío de Él».

Esta abstracción elimina toda sombra de corporeidad literal y preserva la trascendencia racional pura. En resumen, la diferencia entre las tres escuelas en este enigma es: la gente del hadiz afirman lo aparente narrativo con «sin cómo»; los ash’aríes oscilan entre interpretación y afirmación de superioridad literal, por alejarse del origen; mientras que (AS) niegan corporeidad y dirección con negación absoluta en trascendencia racional plena.

2. El enigma de «la pluralidad de eternos y la composición en la esencia» (simplicidad divina)

El problema filosófico: la esencia divina debe ser «simple», no compuesta. Si los atributos de Dios (como conocimiento, poder y vida) fueran entes eternos antiguos añadidos a la esencia y distintos de ella, ello conduciría a existencia de múltiples esencias que comparten eternidad y antigüedad con el Creador. Y la pluralidad de eternos anula el núcleo de la unidad filosófica.

Posturas de las escuelas islámicas:

La escuela ash’arí: fue a afirmar atributos intencionales eternos «añadidos a la esencia». Dijeron que Dios conoce con un conocimiento eterno distinto de Su esencia, y es capaz con un poder distinto de Su esencia. Esta tesis los colocó en el enigma filosófico (el problema de la pluralidad de eternos), pues afirmaron significados eternos subsistentes por la esencia y distintos de ella.

La escuela mu’tazilí: advirtió este enigma filosófico, pero fue al extremo opuesto y negó los atributos intencionales por completo mediante «la representación de la esencia en lugar de los atributos», lo que hizo que el concepto de atributos pareciera vacío y despojado de actividad real.

La originalidad de la escuela de (AS) en los atributos: esta escuela presentó la solución filosófica más precisa: «identidad de los atributos con la esencia», considerándola el origen y la fuente pura. Dios, exaltado sea, conoce con Su esencia, no con un conocimiento añadido, y es capaz con Su esencia, no con un poder agregado. Esencia y atributos son una sola realidad simple sin multiplicidad ni composición; Su poder es Su conocimiento, Su conocimiento es Su vida, y la pluralidad de términos se debe a pluralidad de efectos y conceptos, no a pluralidad de realidades eternas. El Imam Ali (AS) resume este principio filosófico diciendo:

«La perfección de la sinceridad hacia Él es negar los atributos de Él, porque todo atributo da testimonio de que es distinto del descrito, y todo descrito da testimonio de que es distinto del atributo».

3. El enigma de «la posibilidad de la visión ocular» (la paradoja de la visibilidad)

El problema filosófico: ver con el ojo que ve (contemplación directa) está lógica y físicamente condicionado por distancia, dirección opuesta y reflexión de los rayos luminosos del cuerpo visible al ojo que ve. Puesto que el Creador está trascendido respecto de corporeidad, lugar y dirección, admitir verlo con la vista es contradicción lógica, porque ello implica afirmar propiedades materiales del que está libre de la materia.

Posturas de las escuelas islámicas:

La mayoría jurídica y teológica (ash’aríes, maturidíes y gente del hadiz): fueron a afirmar la visión de Dios con el ojo en la otra vida para los creyentes, apoyándose en apariencias de algunos textos. Y cuando enfrentaron la imposibilidad racional, dijeron:

«Se verá, pero no en dirección, ni frente a frente, ni por conexión de rayo».

Lo cual ven los lógicos y polemistas como reunir opuestos; pues afirman visión ocular y niegan sus condiciones existenciales al mismo tiempo.

La tesis alternativa de la escuela de (AS): en armonía con el juicio racional decisivo y con la aleya firme del Corán:

«Las miradas no Lo alcanzan, y Él alcanza las miradas.» (6:103)

Esta escuela declaró la imposibilidad absoluta de la visión ocular en este mundo y en la otra por igual, preservando la grandeza de la esencia divina de las implicaciones de la materia. Cuando Dh’alab al-Yamani preguntó al Imam Ali (AS):

«¿Has visto a tu Señor, oh Príncipe de los Creyentes?».

Vino la respuesta filosófica profunda que descompone el enigma:

«¿Adoraría lo que no veo? Los ojos no Lo alcanzan con la contemplación directa, pero los corazones Lo alcanzan con las verdades de la fe».

Conclusión y resultado demostrativo

El camino intelectual descendente que seguimos no se basó en inclinación emocional ni en tradición sectaria, sino en aplicar el «bisturí de la razón y la lógica» para diseccionar ideas:

  • A nivel mundial: las tesis politeístas y dualistas cayeron ante el criterio de la unidad de la causa filosófica.
  • A nivel religioso: las tesis de encarnación y encuadre humano quedaron excluidas ante el criterio de la riqueza del Creador y Su separación de la materia.
  • Dentro del campo islámico: las opiniones se sometieron a los criterios más finos de trascendencia (negación de dirección, negación de composición de la esencia por atributos añadidos, negación de visión material ocular). Quedó claro que algunas escuelas intelectuales hicieron concesiones lógicas para conciliar apariencias de textos transmitidos con los juicios de la razón, y sus formulaciones quedaron manchadas de ciertas contradicciones filosóficas.

El resultado lógico global: la lectura filosófica y lógica libre se asienta en la escuela de (AS), por ser la escuela originaria que presentó la tesis doctrinal más abstracta, trascendente y coherente, mientras que las demás escuelas se desviaron de su camino y el resultado fue defecto en su unidad divina. Esta escuela logró formular el concepto de unidad pura que coincide plenamente con las pruebas de la razón libre, sin caer en la trampa de la semejanza (corporeidad) ni en la trampa del vaciamiento (negación de atributos), de modo que su doctrina es el destino cognoscitivo más puro para quien busca la verdad con ojo de lógica pura.

Quien le atribuye modalidad lo ha corporeizado; quien señala hacia Él lo ha limitado; y quien lo limita lo ha contado.
— El Imam Ali ibn Abi Talib (23 a. h.–40 h / 599–661 d. C.) (AS) — Nahj al-Balagha